Buscando regresar al inicio. Gritos silenciosos.

Si hubiese una manera de introducir la felicidad como producto comercial, pregunta de una amiga, todos entrarían en el negocio. Los más desdichados la comprarían y los más aprovechados la venderían, como es de saberse. Las fábricas estarían constantemente abarrotadas con listas de pedidos sobrepobladas, y unos infelices con hambre armándolas por piezas, tentados a tomar aunque sea una fragmento para ellos, mirándolas fijamente, cuidando de que no tengan errores y no derramen ni una mínima gota de alegría, con salarios con los que no podrían comprarse nunca una sola. El mercado publicitario sólo contendría un grupo de mujeres riéndose, amando, desvistiéndose y conquistando a sus hombres muy atentos e igual de rebosantes, en cada esquina de la ciudad. No hubiesen pobres, estos las venderían a precios exorbitantes entre aquellos que roban para comer o drogarse. Entonces serían ricos infortunados. Los millonarios las comprarían para llenar sus vidas y se olvidarían del dinero. Acabarían hurgando en los mismos basureros de los vecinos de los que tanto espantaron mendigos. Terminaría todo como una venta de garaje en la casa escondida al final de la calle, a la derecha de la mata pintada de rojo y verde, de la que solo saben algunos pocos. Ya todas de segunda mano. Reutilizadas hasta más no poder, con  fallas o desperfectos. Empezarían a vender las ‘originales’ a mitad de precio, lo más común fuera comprar de esta porque de lo contrario fueses el ‘pendejo’ que se precipitó a comprar su felicidad en la casa distribuidora. Los gobiernos sostendrían sus gastos con los impuestos que obtendrían de la felicidad del pueblo, e inventarían sistemas para que nadie los pudiese evadir y sindicatos para que defiendan los derechos y estableciesen los deberes del ciudadano feliz. La vida giraría en torno a qué tanta felicidad tienes en casa y cuanta puedes usar encima. Volverían a ser menos felices por que no tienen mucho más que el otro. Y comenzaría la acumulación innecesaria de felicidad, el tráfico de ellas, la balanza de pago a dispararse, el dólar a aplastar el resto de las monedas, porque obviamente EEUU y todas sus estrellas tendrían el monopolio, con sus dosis de sonrisas empacadas y ensambladas en China. Las bolsas de valores solo cotizarían acciones de felicidad y un montón de viudas estarían corriendo tras ellas. El sistema colapsaría si escaseara dicho recurso, y empezaría a cotizarse más alto aún. Entonces, unos cuantos, con alegría hasta en las cejas, se asociarían como grupo futurista y guardarían una proporción para cuando esto suceda y liquidarían todo el petróleo que antes tenían. La vida continuaría hasta que la bomba de insuficiencia explote. Y estarían mordiéndose las uñas, mirando sus estantes llenos de ella, y pensando en cómo obtener más por si acaso. Y los que ya se le habían agotado, persignándose con maldad, con el cuchillo entre los dientes y dispuestos a matar por ella. Mientras tanto, yo sentada mirando el panorama, tocando cancioncitas sobre la madera de la mesa y resumiendo que la felicidad no importa cómo se distribuya, ya está hecha y seguiría siendo el mismo absurdo que no dista en lo absoluto de la realidad.

November 25th, 2009 at 9:19 pm | Comments & Trackbacks (0) | Permalink

Ya me resulta extraño no tenerte alrededor,

A pesar de que ha sido poco lo que sentido de ti,

Mas necesito suprimir la distancia con tu calor,

Devolver las manecillas y llevarte hasta mí.

Las mañanas de este noviembre son insoportables,

Las tardes no quieren terminar si no llegas al final.

Ahora lo que importa son tus manías irresistibles,

Las citas que no urdimos para envenenar la ansiedad.

Sigo recordando que nos alejamos a propósito,

Al principio, por instinto y por ingenuidad.

Ahora somos prisioneros del remordimiento,

Luchando por improvisar una posible realidad.

Se nos hace complejo movernos y correr el riesgo,

Eventualmente por todo lo que dejaríamos atrás.

Ahora nada es como lo que tenemos, y sin embargo,

Aun no es suficiente para incitarnos a buscar más.

A romper el molde que nos encierra y nos aparta,

Terminar con los que juzgan y ni siquiera viven.

A pelear en nuestra contra, y contra lo que importa,

Para que permanezca intacto lo que todos no ven.

Y para que cuando nos volvamos a encontrar,

Nadie pueda hacernos llorar o caer, nadie tenga armas.

Para que seamos fuertes y sea insignificante tropezar,

Y estar seguros de que ya no hay más que a quien amas.

November 15th, 2009 at 7:59 pm | Comments & Trackbacks (0) | Permalink

Esta vez, lo importante es que conocí a alguien. Alguien completamente diferente para mí y alguien que me llena de esperanza. Su forma de ser es la que esperas ver en todos. Con principios firmes y de gran corazón. Es tierno, mimado, hombre de familia. Inteligente, y sobretodo disfruta lo que hace. Con excelentes modales, portador de manos diligentes, dispuestas a ayudar. Es de los que desea conocer tus raíces y aquellos a quienes amas. De alma sincera y voz incapaz de dañar.

Desde el inicio sabes que tus padres lo adorarán, que compartirán intereses. Y ellos estarán seguros de que él cuidará de su pequeña hija, de que no la hará llorar nunca intencionalmente, de que no le faltará amor en su hogar. Ves que tiene los brazos de un buen padre, para un abrazo que pare el llanto de una caída. Que tiene el pecho abierto para cualquier duda de una pequeña que empieza a vivir. Observas sus ganas de compartir, de ser, de estar, de dar. Tiene lo que se necesita para crear un círculo afectuoso y permanecer en él, y convertirlo en un refugio para todos.

Cuando te sujeta, te sientes segura. Su calidez al tocar no tiene comparación. Carga con un repertorio de conversaciones disparejas solo para ti, para entretenerte. Pretende llevarte a donde su mente quiere que vayas sin que lo notes, pero sí lo haces y te gusta y lo sigues. Te hace sentir especial con canciones que dedica todas las noches y te las hace vivir al final de cada día. Le interesa entender todo de ti, presta atención a cada letra que pones en tu boca y se las roba para sí. Se alegra de sólo tenerte cerca, por saber que te ha hecho feliz y porque has logrado un sueño valiéndote por ti misma. Comprende tus horarios y tus necesidades, las satisface. Ocupa el espacio que quedaba vacío en tu mente antes de irte a dormir. Busca divertirse sin cruzar el límite de la integridad.

Encontré a alguien que desborda mis expectativas y hace de mis días un festival de sonrisas.

November 5th, 2009 at 1:58 am | Comments & Trackbacks (0) | Permalink

Tal vez es suficiente, quizás esta es la salida. Puede ser que nada es como todos creen, y que la vida no ha sido comprendida. Que el amor llega de cualquier forma, bajo la luna de esta noche y de tantas otras. Sin avisar y con las manos vacías, y que de la misma manera se aleja, sin mirar atrás. Porque la rabia es capaz de borrarlo todo. Que la felicidad se mide por sueños por lograr más que por los logrados, que en todas las veces que brillan tus ojos me veo reflejada en ti. Tal vez pasa que el camino es complicado y lo queremos simplificar, o que en realidad el corazón es una excusa para seguirlo. Quizás nos hacemos ajenos a lo que vemos detrás del vidrio, sin embargo nuestro aliento ahoga su transparencia. Tal vez es lo justo, quizás todo lo contrario. Acaso es que se debe dejar el cuerpo solo, permitirle que decida cuándo reaccionar? Posiblemente. O posiblemente es que no lo hará por miedo a ser el culpable de matar la consciencia, aquella que quiere hablar y que calla por curiosidad, o porque ya no sirve, se considera un fracaso. Tal vez el espejo miente cuando no nos ve juntos y nos retrata sentados al borde de la cama, contando historias y jugando con el niño que nos mira atentos. Quizás fue un relato antes de tiempo y por ello vivirá de calle en puerta, de techo en patio, rogando que alguien lo encontrase y lo hiciera contarse. Tal vez se cierra el libro, quizás esa es la única salida.

October 31st, 2009 at 10:42 pm | Comments & Trackbacks (0) | Permalink

Te observaré desde lejos como siempre,

deleitado en tu sonrisa que revela nuestra infancia,

sin que me descubras al voltear.

Porque eres extraña criatura para mí,

Tú, que tomas mi mano y cantas

al inmenso cielo sobre nosotros

del que nunca fuimos parte,

el que pertenece a las horas perdidas

entre la alfombra y el deteriorado techo.

Tocaré tu pelo y daré conciertos en tu cuello,

para hacerte feliz, aunque palabras no hayan al trazarte,

gritaré entonces todo lo que necesitas oír,

cuando nadie más puede, cuando no estés contigo.

Vales todo lo que quiero mientras no seas para mí,

no me sirves de nada si dices que me amas.

Dejarías de iluminar mi camino, de ser ella,

la que duerme en mi mesita de noche,

sobre mis notas musicales y bajo la botella trasnochada,

aquella poesía descompuesta que silba al salir el sol.

Mientras, tomaremos la calle cuesta arriba,

nos escaparemos de la vista de todos,

iremos donde no termina la tarde

y donde nos envuelva la vida entre sus manos y las nuestras.

Haremos de este vino que me arropa una mirada más,

Que guarde lo que no dejas de ser en mi,

lo que jamás seré en ti porque es mejor así.

October 22nd, 2009 at 9:57 pm | Comments & Trackbacks (0) | Permalink

Rayuela

Entre líneas, letras y significados...

“El verdadero sueño se situaba en una zona imprecisa, del lado del despertar pero sin que él estuviera verdaderamente despierto; para hablar de eso hubiera sido necesario valerse de otras referencias, eliminar esos rotundos soñar y despertar que no querían decir nada, situarse más bien en esa zona donde otra vez se proponía la casa de la infancia, la sala y el jardín en un presente nítido, con colores como se los ve a los diez años, rojos tan rojos, azules de mamparas de vidrios coloreados, verde de hojas, verde de fragancia, olor y color una sola presencia a la altura de la nariz y los ojos y la boca”.

-Julio Cortázar, “Rayuela”

September 9th, 2009 at 8:17 pm | Comments & Trackbacks (0) | Permalink

Con el propósito de esclarecer lo que pretendo ocultar con mi tan simulado “nada”, empecé a rastrear entre recuerdos las ocasiones en las que aniquilé la curiosidad o la incertidumbre y las emociones que ello envolvía. Todo [sí, siempre exagero] llega por montones, sin orden lógico.  Por más que intente resumirlas, terminan siendo muchas palabras para un evento, poco significado para cualquiera.

El carro rojo parqueado en su lugar, andando sobre las ruedas del Gandalf

el sofá blanco de la terraza, mirando al gato negro subirse a la ventana

el árbol de navidad junto a la escalera de madera, en el pleno verano de un parque

ella y su vestido blanco tomando vulgarmente ron, tu y tus tantas aburridas

el cofre de la cartera negra Perry Ellis, la gaveta con tus tesoros que nunca tocaré

aquella carta que no debí leer, tus escritos llenos de incógnitas para mí

la lágrima que cuelga en mi pecho, las mariposas en mi estómago

los golpes en mis rodillas, las marcas sanadas de mi corazón

el portarretrato en mi estante, la nota amarilla en mis mañanas

sus horarios trabados en mi reloj, las horas que busco para llenarme

la pulsa negra y marrón, las entradas del cine que conservo

la conversación con Superman, la amiga inseparable que me cuida

las bolitas de papel volando al zafacón, una canción que inunda mi cabeza

el Príncipe Azul en San Valentín, un regalo igual de azul por ningún motivo

el helado de uva con mucha fresa, la manía del frío en tu boca sólo cuando estás conmigo

el shampoo en mi cabello por su ausencia, tus manos en mi rostro recordándome la vida,

e insisto, mi taza de café en el desayuno y después de almuerzo.

Mi garganta se atasca y mis ojos se humedecen al querer contestar preguntas inocentes, reacciono instintivamente con silencio ante aquello que me encierra en la misma situación de la que busco salir y condenso todo lo que me sucede en nada. Porque no hay una forma sencilla de retratarlo, ni estilos que permitan desfigurarlo y reescribirlo en una sola palabra, ni tiempo capaz de resolverlo o deshacerlo. Si respondo “nada”, es por todo. Si mi confesión es nada, créeme. Si me reservo lo que pienso, entiende que deliberadamente permito salir nada de allí.

September 8th, 2009 at 7:27 am | Comments & Trackbacks (0) | Permalink

Ella fumaba ansiosa con su pelo rizo y camisa azul, ligera. Con aire de que el de que el día no había resultado como lo planeaba. Los zapatos gastados taconeaban la madera del sofá marcando con ello cierta impotencia que cubría sus dedos, su falda, su humo, envolvía la voz gruesa y tensa que no parecía salir de sus cuerdas. Tomaba apenas el primer sorbo de mi trago cuando ya no me interesaba lo que explicaba entre dientes, con la mirada clavada en la vasija negra sobre la mesa, con miedo a que alguien escuchase algo tan íntimo.

No uso reloj, pero en ese momento estaba segura de tenerlo. Sentía la constante necesidad de mirar su espacio bajo mi manga y de que esto presionara el caminar del tiempo. Esperaba su llegada. Y ella, esta mujer, no pretendía concluir con su fatigoso monólogo sobre penas baratas. Miraba las cortinas negras moverse con el viento, imaginaba poder sentir la ultima ráfaga que golpee mi cara, saber de dónde provenía, qué tierras había visitado, qué otros rostros había besado si era su intención. Mi mente navegaba indecisa. Tenía tanto por lo cual no estar ahí, y no obstante tenía los zapatos marrones enterrados en las piedras insoportablemente blancas como para no perder la gravedad que se me escapaba por cubitos de hielo, como para que nadie pudiese rescatarme si lo pidiera.

El sitio descansaba en silencio, preparándose para la noche. Despedía con dolencias el fuego del este, condena diaria que sus paredes se negaban a aceptar. Inocentes. Igual somos todos y nos tenemos que adaptar. Qué injusticia. Resonaba de vez en cuando el ronco eco que producía la extraña inmigrante a mi lado. En mi propia cabeza detonaba mientras asentía. No lo dejaba dormir. De nuevo, esperaba encontrar la salida pero ya estaba lo suficientemente cómoda, sin propósito, de frente a ella y fingiendo preocupación, ejecutando mi mejor actuación. Magnífica. Cada quien recibe lo que espera. Admirable simbiosis entre dos desconocidas, yo misma me sorprendía sobre la marcha. Lo vana que es la vida, lo insignificante de ella, y lo que hacemos por otros independientemente de qué obtenemos de ello.

Cuando logré apagar mi modo indiferente hacia la pobre mujer, ya era tarde. Se había percatado de mi falta de atención, de la hipocresía en mi sonrisa, del trago vacío y de las líneas rojas que había intentado trazar desde el telón hasta mi bolso para distraerme. Tomó educadamente su encendedor, su llave y la caja de cigarrillos prestados, me tendió su mano en señal de gratitud. La acepté con vergüenza y decepción de mi misma. Sonrió por primera vez, y de forma genuina, levantando su diminuta cartera y removiendo el sudor de su cuello. Lamenté olvidar que estaba cansada de estar sentada, que no me importaban en lo más mínimo sus problemas, que no me quedaba dinero para más bebida y que él aun no llegaba. Las telas caían del cielo haciendo rugir el espacio ya oscuro. Caminé hasta la mesa, la mesa maldita de los fines de semana justo antes del 25, entre personas que llegaban a disfrutar de momentos sin silencio, sin voces que cuenten historias, personas que solo miraban el piso o su nariz y que cargan con menos felicidad que capital en los bolsillos.

August 9th, 2009 at 9:50 pm | Comments & Trackbacks (0) | Permalink

Tu imagen parece desvanecer. Burbujas irisadas se estrellan contra el viejo lienzo, tal vez ajeno, pero definitivamente ahora muy extranjero. Despedazan el aroma abstraído de los trazos remanentes de la camisa rosa en el pincel. Valientes virutas se lanzan al vacío, inadvertidas del gran caída, preparadas para tomar el riesgo. Brotan lágrimas del papel, envidian su textura corroída y esclavizada por la pintura. Testigos de tan deplorable final para una tela laminada enmarcada en bronce y marfil, aferrada a nirvana jamás soñado.

Poco queda de tu perfecta nariz, tus pequeños ojos aun me miran con extraordinaria furia. Cada toque de la brocha desfigura la expresión tierna de tus labios excesivamente, la extingue, la evapora. “Just walking in the rain, thinking how we met“. Tus manías rojas, tu olor púrpura, tus sueños azules y tus voces – sí, eran muchas-  de amarillo pálido a naranja cólera. “Knowing things have changed, somehow I can’t forget”. Todo se rueda, se arrastra llevándose hasta el más mínimo rastro verde de tu infancia en la mía.

Nada se comparaba con tal retrato. Casi todo termina. La paleta tiene lo básico, lo que necesito para empezar de nuevo mi obra, mas no tengo poesías de bolsillo para cantar mientras bailo y continuar. Sin vino, desnuda, a dos pasos de sofocarme, miro el blanco triste y cierro mis ojos. Tomo el encendedor y la enorme mancha multicolor, los veo partir con fiesta de cenizas a su alrededor. Se retuercen, agonizan en el piso mojado y mugriento. Nunca exististe, no pudiste ser. Se esfuman las miradas, desaparecen los gestos. Sublime ritual para deshacerse de ti numen mutilado. No llores por mí. “All because my heart still remembers you“. Recuerda que viste en mi pared todos los inviernos, acompañaste cada pieza de vals en el salón, adornaste mi continente con tus locuras, llenaste el espacio con exquisita delicadeza, convertiste mi universo en un mundo contigo. No necesito que cuelgues por ahí, te llevo donde voy en la ropa que visto, en la pintura en los dedos, en el pelo arruinado, en mi desorganizada cartera. No lloro por ti, no te perdí. Sólo nos despedimos, triste pero es así.

July 22nd, 2009 at 1:41 pm | Comments & Trackbacks (0) | Permalink

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”
1 Cor 4-7

Lo leen y lo releen en todas las bodas romano-católicas con el fin tal vez de explicar por enésima vez que tan importante es el paso que la pareja está dando. La pobre pareja. Justo cuando estaban seguros de lo que hacían, les dicen que deben sufrir, que no deben hacer nada indebido, que no se deberán irritar, que no deben guardar rencor alguno, que todo lo deberán creer, que todo lo deben esperar y, sobretodo, soportar. Palabras reconfortantes para el momento inoportuno. Sudores, risas falsas, maquillaje corrido, pañuelos sucios. Dos manos sujetándose a la fuerza, demostrándose inútilmente que no pueden estar la una sin la otra. Pero, ¿qué podrá suceder si nos amamos? Eso es suficiente. En lugar de darles una mirada hacia el futuro optimista, lo que hacen es anunciarles una sucesión de posibles dificultades que enfrentarán, con el consuelo de que la única manera de vencerlas es si se aman verdaderamente. Ja! Qué mal! Eso no es motivación. Eso es como cigarrillos sin encendedor. Tenga, ahí tiene su matrimonio. A ver cómo lo enciende. Se le va a mojar, lo van a pisotear, puede que se le pierda, quién sabe… lo único es que no le puedo dar fósforos. Pura ansiedad. Entonces, de repente, ambos tienen la sensación de querer correr, bien lejos de donde todo empezó. Las bocas se llenan de sabores desagradables ya conocidos. Envidia, orgullo, vanidad, arrogancia. Y qué podría hacer la novia de blanco, toda ostentosa, para no ser notada y perderse en el público cuando no quiere decir “acepto”. Qué vergüenza. No, no puede huir. Y qué podría hacer el noble novio, todo majestuoso, para dar media vuelta e irse por el marginal derecho sin que una ola de familiares de la señorita que deja atrás lo embosque con antorchas y tridentes devolviéndolo a cumplir su responsabilidad. Imposible. El día anterior los dos hablaban de lo que vivirán, planean vacaciones, trabajos, muebles, cortinas, amigos, familiares, festividades, días de ocio, citas. Tienen aventuras entre sus dedos, adrenalina en sus respiraciones. Hoy se miran confundidos, fingiendo felicidad desesperada. Ya no saben si es lo correcto, si están listos, si era el momento apropiado, si en realidad se aman, si tendrán una segunda oportunidad. Nervios de punta. Mientras tanto en los bancos de madera, ciento cincuenta personas toman fotos del cuadro expresionista que se dibuja ante todos. De cada lado se pronuncian comentarios negativos de los casi recién casados. La novia está algo gorda, tiene que ser por eso que se casan. El novio es muy joven aun, no podrá sustentarla en nada. Qué fracaso. La mayoría sólo se pregunta a qué hora terminará la ceremonia, se quejan de lo mucho que habla el sacerdote, qué servirán en la recepción y si esto compensará el regalo barato que compraron dos horas antes de llegar. Qué cosas tan odiosa. Y tanto tiempo que dedicaron a elegir quiénes son lo suficientemente especial para estar allí presentes, cuáles se sentirán honrados por ser llamados a asistir, cuáles no les importa lo que digan luego de no recibir la invitación. Tanto tiempo gastado en calcular servilletas, manteles, cristalería, flores, souvenirs, telas, sillas, mesas, visitar salones, definir gustos, probar platos, alquilar trajes para la corte, probar maquillajes y peinados, hacerse fotos. Un sinnúmero de tareas con el único fin de satisfacer una audiencia exigente e inconforme, cuando deber ser totalmente lo contrario. Los invitados ser los anfitriones y organizarle el casamiento a la parejita invitada. Regalarles un principio inolvidable, sin angustia de aperitivo. Sí, amor mío, todo estará bien. Nos tenemos el uno al otro. En las buenas y, sobretodo, en las malas. Prometerles que el amor jamás se extingue. Que por encima de todo, todo, todo está el amor. Que no tendrán que huir. Que podrán ser uno indivisible sin perder su esencia personal. Que podrán ser defectuosos, equivocarse, dañarse, intolerarse. Que tendrán tiempo para saber perdonarse, para poder reconciliarse, para discutir nuevamente y besarse como la primera vez, pero sin el temor que los envolvía en aquella tarde. Que no necesitaban cumplir un sacramento delante de todos para aclararse no que no podían vivir sin el otro, sino que no querían hacerlo. Que lo que tienen les bastará. Que no conocerán a nadie más, que no  lo necesitarán. Que podrán volar, conocer, jugar, correr, leer. Divertirse con más ganas y juntos. Que no querrán soltarse la mano. Que el “acepto” no será difícil. Que el amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta, sólo que desde una perspectiva menos negativa. Que amar es saber jugar, no importa la situación en la que se encuentren. Sólo es un juego.

July 5th, 2009 at 1:30 pm | Comments & Trackbacks (0) | Permalink